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Tantas veces Bryce

El último jueves Alfredo Bryce concedió una entrevista a Juan Carlos Soto, editor regional del diario La República. No podía perderme ese encuentro. Así que me colé en una fiesta a la que no estaba invitado. Valió la pena. Bryce me autografió un par de libros y nos contó algunas anécdotas que dieron pie a la siguiente crónica, escrita a dos manos, con Juan Carlos.bryce

En una de sus pocas visitas a la ciudad de Arequipa, Alfredo Bryce Echenique llegó con uno de sus amigos franceses que por esas fechas estaba empeñado en conocer el país. Un día, con la añoranza del forastero que era, su amigo, pidió en el almuerzo un suculento chupe de camarones. Era comprensible. Los pescados y mariscos son ingredientes recurrentes de la refinada cocina francesa.
La versión characata de este potaje dejó al extranjero extasiado. En pleno ágape rompió en llanto, luego volvió la mirada a Bryce, y le dijo sollozando.
-Puta marcgre, ¿qué cosa es esta tan buena?
La anécdota fue contada en uno de sus libros y ocurrió en el hotel Posada del Puente, donde esta mañana Bryce espera a su entrevistador sentado, mirando en silencio cómo discurre el río Chili. Su lugar está protegido del sol, a la sombra de una de las columnas que hay en el lugar. Luce impecable, fiel a su estilo de niño de colegio pituco, como en los retratos suyos que aparecen en los periódicos y contratapas de sus libros.
El último miércoles, en la tarde, volvió a pisar suelo mistiano. Hoy presentará en el Paraninfo de la Unsa, su más reciente obra de arquitectura literaria: “La Esposa del Rey de las Curvas”. Tuvo una recepción inesperada en el aeropuerto. Decenas de muchachos del colegio que lleva su nombre lo esperaron con banda de músicos incluida, y toda la parafernalia que se despliega cuando llega una personalidad.
El detalle no le agradó mucho. El usufructo de su nombre solo fue autorizado para una obra de bien social, sin fines de lucro, más no para un colegio ni una academia preuniversitaria como la que hay en Arequipa. Casi escapando de la muchedumbre, Bryce se dirigió a su hotel creyendo que se había librado del montaje de bienvenida. No fue así. En el hotel lo esperaba otro nutrido grupo de escolares.
Tuvo que meterse al hotel La Maison de Elise, donde no tenía reserva, mientras afuera se despejaba la calle. Por la noche, reconfortado y con los bríos de bohemio impenitente que nunca lo abandonan, visitó uno de los localcitos del centro histórico de Arequipa.
EN LA “I”
Al día siguiente, el escritor estaba como nuevo. El inclemente sol mistiano ayudó a su buen ánimo a despejar esas tristezas y nostalgias recurrentes que se ahondan bajo cielo limeño.
Encaminó sus pasos al colegio Independencia. Allí un auditorio de escolares lo recibió con un grito de guerra: la “I, la I, la I…”.
El autor de “Un Mundo Para Julius”, dueño del micro, empezó esa vieja costumbre de contar sus historias. ¿ Cómo nació el escritor? Bryce bucea en sus memorias y recuerda su vocación literaria como una rebeldía ante la oposición de su padre. “El no quería que sea escritor, para él los escritores son borrachos y ociosos”
Pero no lo quiso defraudar. Pagó el tributo siete años. Para complacerlo, estudió Derecho en San Marcos. Cuando concluyó los estudios le entregó el cartón y partió a Europa a ser lo que él quería.
El literato también habló de sus viajes. Recordó una frase de su gran amigo Julio Ramón Ribeyro: “En Paris, he aprendido a ser más peruano”. Bryce no pudo escapar de esta tesis. “He estado lejos, pero siempre amando a la casa”. Después de un largo exilio, ahora el escritor se quedará en el Perú.

 
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Publicado por en 7 junio 2009 in PACHECOMANÍA

 

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