Cuando Irma Vilca le cortó el pene a su marido en Arequipa, el hecho causó tal revuelo que la televisión limeña, desentendida con frecuencia de los temas regionales, mandó a sus periodistas para reportar la noticia.
La prensa amarillista le endilgó el apelativo de “Lorena Bobbit arequipeña”, en alusión a la mujer que en junio de 1993 le mutiló el miembro viril a su esposo. Bobbit vivía en Manassa, Estados Unidos, y según contó después, era viola da por su cónyuge, las veces que llegaba ebrio.
Al año siguiente, Irma repetiría la historia. Su pareja, que había estado bebiendo, cayó en profundo sueño luego de desparramarse en su lecho, al llegar a casa. Cegada por el resentimiento, debido a los maltratos que recibía, cogió una gillette oxidada que guardaba en su mesa de noche, y en cuestión de segundos, hizo el corte fatal. Fue un escándalo mediático. Había un mensaje nuevo en medio de todo el drama: los hombres también son agredidos, aunque los pocos casos que se denuncian, tienen tipificación penal. Ya sea por machismo o vergüenza, los varones casi nunca denuncian los maltratos psicológicos o físicos que reciben de sus parejas.
Estos hechos solamente salen a la luz cuando recibe lesiones muy graves. Eso sucedió con el congresista Ricardo Pando, quien hace unas semanas fue acuchillado por su esposa, después de una acalorada discusión. La psicóloga Sara Salazar Lazo explica que este comportamiento es producto de la frustración femenina por la desventaja física en que se encuentran cuando hay un conflicto intrafamiliar. “Es obvio que cuando hay violencia en la pareja, las fuerzas no son las mismas. Una dama no puede responder a puñetazos. Entonces coge un cuchillo o las tijeras” sostiene.
Pero los episodios de violencia psicológica y física contra los hombres son mucho más comunes que estos sucesos mediáticos. La diferencia es que no se denuncian. En una sociedad todavía machista, que un varón denuncie ser víctima de violencia familiar es someterse a la más grande de las humillaciones: la burla del resto. O lo peor. Que las autoridades no le crean y lo tilden de un triste “mañoso”.
¿MACHOS O MARICAS?
Cierta vez un policía presentó una denuncia por violencia psicológica. Al enterarse de tamaña afrenta a la virilidad de la Policía Nacional, el comisario exclamó: ¡deberíamos sancionarlo por marica! Fue solamente una expresión desafortunada, sin embargo revela la forma en que la sociedad aborda este tema tan frecuente en las familias peruanas
“En realidad cuando hay conflictos en las parejas, la mujer responde a la violencia activamente. O la provoca con insultos, ofensas o agresiones físicas. Pero siempre terminará perdiendo porque no tiene la misma fuerza que el varón” sostiene Sara Salazar, quien colabora con la Comisaría de Mujeres desde que esta se creó en Arequipa, en 1993. Claro que, agrega, una verdad innegable es que las mujeres padecen más la violencia conyugal.
En la Comisaría de Mujeres (Arequipa) por cada cien denuncias de maltrato físico y psicológico a mujeres, dos corresponden a varones. Esta realidad no difiere mucho de regiones como Tacna y Puno. Sara asegura que la mayoría de las denuncias presentadas por caballeros están relacionadas con actos de infidelidad de sus parejas.
Hace pocos meses, Lorena Bobbit se reencontró con su ex pareja, y este le pidió perdón por los maltratos. Tuvo un paso fugaz por el cine porno, después de recibir el implante de su propio falo cercenado, y ahora parece dispuesto a reconquistarla. Por su parte, Irma Vilca fue perdonada por el esposo, y se fueron a Puno, a empezar de nuevo.
